A veces, en el colmo de mi rabia, te odié. Pero nunca, nunca, sentí que ya no te quería. Te he gritado las cosas más absurdas, los insultos más explosivos. Pero nunca te grité, ni te dije, ni te murmuré: ya no te quiero! Ni siquiera pensé alguna vez que ya no te quiero. Todo, todo lo hubiera perdonado.